Cuando Jeff Mann estaba llegando a su casa en Missouri, en pleno invierno, estaba apurado por buscar algo de calor. Sin embargo, un ruido llamó su atención. En una laguna congelada en su patio trasero, había un perro luchando por su vida.

Rápidamente y acompañado por su esposa, se puso sus botas, y tomó una soga, sabiendo del peligro que significa caminar sobre una fina capa de hielo. Él podía caer en la gélida agua si no tomaba precauciones.

Se acercó lentamente y, buscando algún recurso, decidió utilizar una soga. A algunos metros de distancia, realizó varios intentos hasta que logró ponerla al alcance del perro. Sin embargo, no estaba seguro si el can entendería su intención.

“La parte genial fue que el perro fue lo suficientemente inteligente para saber que debía morderla. Si no lo hacía, yo hubiese tenido que romper el hielo hasta llegar a él”, indicó, en una entrevista con News-Leader. Según explicó, se trataba de la mascota del vecino.

Mann no sabe cuánto tiempo estuvo batallando el perro, por lo que no podía calcular cuánto tiempo le quedaba antes de que sufra la hipotermia. Cuando lo sacó y lo llevó al calor, pasaron largos minutos hasta que el perro dejó de temblar mientras era secado.